El conflicto y división entre chiítas y sunitas se remonta a la división de población que se produjo por el control del poder dentro de la comunidad musulmana en el año 632, con la muerte de Mahoma. Se crearon dos grupos, suníes y chiíes, debido a los prejuicios históricos y a las diferencias políticas y doctrinales que existían entre ellos. Los chiíes defendieron que el sucesor del profeta debía ser su yerno Alí, para conservar la línea de parentesco, mientras que los sunníes confiaban en el gobernador de Siria, Muawiya, miembro del califato Omeya. Finalmente vencieron los sunníes, quienes forman más del 80% de la población islámica global, frente el 10% chií. Además, los chiíes creen en la necesidad del clero, los ayatolás, que son los guías de la comunidad, mientras que los sunníes rechazan el clero como principio de autoridad religiosa, es decir, sólo creen en la relación directa de los fieles con Alá, y en la interpretación personal del Corán.
Los sunníes están divididos en distintas sectas, como el wahabismo de Arabia Saudí, muy dominante y radical. Recordemos que Bin Landen era miembro de este grupo. Es una secta propia de la familia Al-Saud, que es la que da nombre al propio país. Para poder unificar Arabia en el sunnismo, conquistaron territorio quemando mezquitas chiíes y sus asentamientos, relegándoles a ser un grupo minoritario dentro del país. Pese a su radicalización tienen buenas relaciones con EEUU ante el peligro que supone un ataque iraní.

Los chiíes son mayoritarios en Irán y aunque comparten con los sunníes los cinco primeros pilares del Islam, difieren en el sexto y último. El chiísmo se conjuga en una especie de politeísmo basado en igualar a los actuales ayatolás al propio Mahoma. Algo que los sunníes no conciben y no los admiten dentro de la religión islámica. Los chiíes son muy radicales, incluso su máximo poder político es el mismo que el religioso, el Ayatolá. Jomeini comenzó una revolución en 1979 e instauró un nuevo régimen basado en la teocracia o gobierno sacerdotal.

En definitiva, dos vertientes de una misma religión que aún compartiendo creencias, mantienen importantes diferencias doctrinales, rituales, legislativas y teológicas y que se encuentran en constante competición por influencia, a pesar de que en los últimos tiempos, la buena relación entre ambos comienza a dibujarse como una remota posibilidad. Actualmente además, son muchos los jóvenes sunitas que se han sumado a grupos rebeldes que combaten en nombre de la ideología extremista de la organización terrorista Al-Qaeda, mientras que los chiítas, suelen pelear junto a las fuerzas gubernamentales.

